Skip to content

Irán, segunda entrega. El Dasht-e-Kavir.

Estamos a 18 de mayo y seguimos actualizando nuestras últimas semanas estancia. Seguimos en la República Islámica de Irán.

Estamos de vuelta en la magnífica Isfahan, a la que hemos convertido en casa y punto de partida de las sucesivas excursiones a los alrededores. Que nadie se extrañe pues es una ciudad apacible, verde, tranquila y muy muy atractiva. Es un oasis que florece a puertas de dos enormes desiertos (el Dasht-e-Lut y el Dasht-e-Kavir) al sureste y al noreste respectivamente. Sin embargo, parece no darse cuenta de lo yermos que son sus alrededores y florece como la mejor de las ciudades tropicales en primavera.

El día 3 de mayo llegábamos a Isfahan en busca de cobijo, huyendo de la desmedida hospitalidad kurda del oeste de Irán (de la que ya hemos hablado en el capítulo anterior). Y no sólo encontramos el anonimato que toda ciudad se presta a dar sino que descubrimos uno de los lugares más hermosos del planeta (dicen los expertos y yo me lo creo). Pasamos 8 espléndidos días que ocupamos básicamente en paseos y tardes de parques y jardines, alguna que otra siesta y muy buenas lecturas.

Esta plaza es la plaza más bonita que he visto nunca (la foto no es capaz de hacerle justicia), para que os hagáis una idea:

20130619-234022.jpg

Una foto de una foto a la entrada de la mezquita:

20130619-234328.jpg

A Otto le ha parecido que la plaza no estaba lo suficientemente limpia (también en Isfahan):

20130619-234827.jpg

Nuestra segunda estancia en Isfahan comenzaría el 17 de mayo (que fue ayer), después de haber cruzado la mitad del Dasht-e-Kavir. Adentrándonos progresivamente en el desierto, Yazd fue nuestra primera toma de contacto. El centro de la ciudad es una suerte de callejones estrechísimos a los que sólo el implacable sol del mediodía tiene acceso. Y además, a salvo del peligroso e imprevisible tráfico iraní. Qué mejor sitio que éste para desempolvar las bicicletas y movernos sobre ruedas. Otto, por supuesto, encantado. Hemos causado sensación con nuestras bicis de colores.
Aquí lo podéis ver:

20130619-235133.jpg

Indudablemente, un clima tan severo como es el desértico debe combatirse con las mejores ideas arquitectónicas. El aprovechamiento de las corrientes de aire fresco es imprescindible y el badgir se ha convertido en el elemento más característico de Yazd. Estos torreones tienen aberturas en una, dos o más direcciones y captan las corrientes de aire dirigiendo las frías al interior de las casas reemplazando el aire cálido que asciende (el fabuloso gradiente térmico, el frío baja y el calor sube; muy simple, tanto como brillante). El fresquito entra directamente al patio central y pasa sobre el agua de una fuente o una poza o unos cántaros, o… con lo que además humidificas el aire seco haciéndolo más suave. Y claro, la vida se hace en el patio, ¿cómo no?

Estos sería los badgirs que forman el skyline de la ciudad:

20130619-235453.jpg

El agua del desierto, por supuesto es subterránea. Es que no llueve mucho, por aquí… Los qanats son lo que equivaldría a la red de aguas de una ciudad, sin necesidad del uso de bombas. La gravedad puede desafiarse a sí misma. Maravilloso.

Y en este contexto de confort, me imagino al peor y más incansable de los enemigos (el desierto en este caso), en una mezcla entre confundido y frustrado al ver que la ciudad sigue su vida a sus espaldas como si tal cosa. Total, que estamos muy a salvo.

Pues en éstas, y para ponerle la guinda, si es que aún no he despertado vuestro interés, la ciudad forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Una joya.

Aquí una foto del trabajo de chinos que es restaurar los mosaicos del Imperio Persa:

20130619-235915.jpg

Y la hoja que adornarán para las procesiones religiosas:

20130620-000100.jpg

En Yazd, tres días y tres noches y el objetivo puesto más lejos: al norte, en Farahzad (que nos describieron como el paraíso en el infierno). A medio camino, parada y fonda en el oasis de Garmeh. Aparcamos la furgo en el palmeral, justo al lado de la fuente (agua que da vida donde no debería haberla, ¡qué gustazo!). Un paseo por el oasis, una rica cena, una noche fresca y una tranquila mañana. Perfecto para continuar adentrándonos en el desierto.

Cuando hicimos la foto, pensamos: qué exageraos, pedazo de señal:

20130620-001229.jpg

Pero poco después lo entendimos:

20130620-001309.jpg

Unos 100 kilómetros más al norte, las dunas empiezan a rodear la carretera y se hace imprevisible que la carretera pueda continuar a salvo de la arena. Las enormes distancias recorridas en línea recta quedan atrás y por fin el camino serpentea intentando esquivar las dunas. Tras unos 20 kilómetros en los que la arena se ha adueñado totalmente del paisaje aparece la pequeña aldea agrícola de Mesr. He dicho agrícola, sí: pastos, cultivos y demás. Alucinante.

En Mesr muere la carretera y continúa un camino del que no auguramos el mejor destino. No obstante, continuamos. Cerramos las ventanas. La arena que nos dispara el viento es de todo menos divertida y nos preguntamos qué mierda hacemos ahí. Pero de pronto, Hassan nos abre una casa en medio de la nada (entendamos que la nada es sólo arena); San Pedro con sus llaves del cielo. Perteneció a su abuelo y la ha reconvertido en hostal: pensión completa a resguardo del calor y de los escorpiones. Somos los únicos inquilinos y es un anfitrión atento y a la vez discreto. La comida es una delicia y la habitación muy muy cómoda. Ciertamente es el paraíso en el infierno.

Al caer el sol paseamos por las dunas, sin conseguir quitarme de la cabeza la idea de los escorpiones y de las serpientes. Y la psicosis se hace grande… ¿Se mimetizan las serpientes con la arena? Seguro que esperan agazapadas a que nuestros pies estén lo suficientemente cerca para que no podamos escapar. ¿Se oirán desde aquí nuestros gritos desesperados? Si nos atacan, estamos tan lejos de un hospital que seguro morimos de camino. Y esta gente: ¿arriesga su vida todos los días? Hassan dice que no hay que preocuparse, que aún es pronto. ¿Qué quiere decir? ¿De hora? ¿De estación? Si nosotros decidimos pasear, ¿no pueden pensar lo mismo las serpientes? O los escorpiones… Qué tarde tan suave, voy a ver si como algo… Uff, cambiemos de tema…
Como no desatar psicosis con bichos como éstos…

20130620-000322.jpg

Pero aún y así, hemos disfrutado mucho en las dunas:

20130620-000432.jpg

20130620-000449.jpg

20130620-000508.jpg

20130620-000518.jpg

Ha sido una gran idea venir hasta aquí. Y lo ratifica el menú de BarAndaz Lodge:

Comida: Gormeh sabzi (estofado, en este caso de carne de camello, con judías pintas y una mezcla de espinacas y otras hierbas que no hemos sabido descubrir qué son). Riquísimo.
Cena: Ash (caldo amarillo especiado con base de yogur agrio y al que se echan picatostes de nan y se acompaña con cebolla cruda). Una combinación deliciosa.
Desayuno del día siguiente: huevos, pan, mantequilla, mermelada y queso.
Y, por supuesto, chai (té) y doogh (que es una especie de yogur líquido agrio pero muy refrescante; similar al ayran turco). Sin dejar de mencionar las famosas sandías y melones iraníes.

Ha sido un placer. Tengo la impresión de que nos volveremos a ver. ¡Hasta la próxima, Hassan!

20130620-000727.jpg

Cargados con agua fresca y melones cortesía de la casa, nos ponemos en camino.
A la altura de Anarak nos ha pillado una tormenta de arena. Qué 30 kilómetros más malos… Y además, el polvo acaba colándose por muy bien cerrado que esté todo. Qué angustia…

Y con ésas llegamos al 17 de mayo. En Isfahan no hay rastro de tormenta de arena. Se sigue respirando la frescura y la tranquilidad que vivimos la semana anterior. Mismo apartamento, mismos parques… Qué bien, de nuevo en casa.

Pongamos que estamos a viernes y que, como a nuestro domingo, se le dedica el más apropiado descanso. Los parques se llenan de familias de picnic que desayunan, comen o cenan. O las tres cosas. Miles de balones arriba y abajo y niños detrás. Cada uno sabe en que equipo juega, contra quién y lo más importante: cuál de todas es su pelota. Como en el patio del cole. Qué listos éramos de pequeños… Los parques son una fiesta en Irán todas las tardes pero sobre todo, los viernes.
Otto juega a fútbol con Naná, que tiene tres años recién cumplidos. Mientras, sus padres (que en este caso seríamos nosotros y los suyos), sumados al resto de una gran familia de 8 hermanos, nos acomodamos en mantas sobre la hierba, bebemos té y comemos kabab y el barjané típico de Isfahan.
Otto se lo pasa pipa:

20130620-000925.jpg

Como existirá una tercera estancia en Isfahan, después de nuestro viaje a Shiraz, Ghamadi y su familia nos han hecho prometer que será en su casa. No os gastéis el dinero en hoteles, en mi casa estaréis mejor y gratis… Y decimos que sí pero pensamos que ya veremos, más que probable que no. Pero eso no lo saben ellos. Gracias, de todos modos.

Y después del viernes viene el sábado… Pero esto será en un próximo capítulo.

Un abrazo grande.

Anuncios

Irán, primera entrega. La hospitalidad enferma.

Señores, ya estamos en Irán. Nos ha costado entrar pero lo hemos conseguido. Dos días enteros, primero en una frontera y luego en la otra más al norte, porque en la primera no dejaban pasar la furgo. Muy duro, pero ya está hecho. Ahora busquemos un poco de tranquilidad para descansar.

Kermanshah no entraba en nuestros planes. Estamos aquí porque tenemos problemas con uno de los neumáticos. Son casi las siete de la tarde y pronto tendremos que buscar un sitio donde dormir. Afortunadamente el problema está resuelto en cuestión de 20 minutos, claro está, a contar desde que por fin he conseguido hacerme entender.

Pero para entonces ya hemos despertado el interés de toda la calle. Y cómo no… la hospitalidad aparece en escena. Un hombre de unos 50, que ni siquiera forma parte del equipo del taller que me ha atendido, si no de los 10 o 12 espontáneos que se han congregado alrededor, de los talleres vecinos tanto como simples viandantes curiosos.
No gracias, le digo escueto, entendiendo que es una mera formalidad y sólo quiere ser amable, ¿Porqué no? dice un niño que por suerte o por desgracia tiene algo de inglés y al que no soy capaz de relacionar con ninguno del corrillo que me rodea. Y pienso en lo de la vela en el entierro pero amablemente le explico que mi hijo se ha quedado dormido y lo mejor va a ser que busquemos un sitio para aparcar ésta nuestra furgo, ésta nuestra casa y es ahí donde debe dormir y despertarse, gracias de todos modos. Pero en mi casa estaréis mejor, es lo que creo entender que me está diciendo el que quiere convertirse en nuestro anfitrión, cenaremos, tomaremos té y podréis descansar. Y pienso en qué coño sabe él de qué es mejor pero digo no gracias, de nuevo, que preferimos estar en nuestra casa que mi hijo lleva un par de días agotadores y está descansando, pero gracias, muchas gracias otra vez. Está enfermo?, de nuevo interviene el niño, queréis un médico? No, sólo está cansado, no necesitamos un médico. Ya cierra el taller y os lleva a su casa, le seguís con el coche… este niño de nuevo. No vamos a ir a casa de nadie, le digo empezando a perder la paciencia, nos vamos, que todos estamos muy cansados y queremos irnos a dormir, hemos pasado dos días peleando en fronteras y ahora queremos estar solos. Venga!, que nos vamos, seguidme, tengo el coche ahí, el tío ha cerrado su taller haciendo caso omiso de nuestra negativa. Cansado de explicaciones y de sonreír todo el rato les digo que NO (a todo el grupo, que no contento con mirar ya interviene en la fiesta) que nos vamos, y fuerzo una última sonrisa para un gracias. Me vuelvo y me dirijo al coche dando por terminado el asunto, inocente de mí… Arranco y mierda, los tengo en la ventanilla, ocupando uno de los carriles de coches y los coches, claro, tienen que parar y, ya puestos, a ver qué pasa. Mientras parte de mis nuevos amigos hablan con los chafarderos, otros siguen con el ¿pero porqué no? que repiten una y otra vez. Un motorista ha cruzado el tráfico de ida y de venida y también quiere saber qué pasa. Esto es de locos. No, no, no, no, no, no, no, good bye, good bye… digo y repito, y mientras ya estoy empezando a mover el coche, lo que hace caminar a mi ritmo a los que se apoyan en el coche y creyendo ya que no voy a atropellar a nadie, aunque pienso ya que me da igual, que igual puedo cargarme a un par o tres, acelero más alejándome. Creo que estamos a salvo habiéndolos dejado unos metros atrás, como en las pelis de zombis en las que arrancas justo en el momento en que estaban a punto de morderte, y aún miras por los retrovisores varias veces para asegurarte que no tienes a ninguno enganchado al coche.
Pero qué mierda es esto? Esta gente está mal de la cabeza, o qué? Qué parte de la palabra NO no entienden? Y Otto se ha despertado, me cago en Dios!

Y esto, para infortunio nuestro, se repetiría en otras ocasiones y en otras circunstancias. Algo no les funciona como es debido con el debido respeto. Al menos, cuando dices que no. Y como esto no cambie en los próximos días, salimos del país cagando ostias.

El que avisa no es traidor, he recordado en varias ocasiones, y es que ya advertían en los países vecinos ante un ¿qué tal los iraníes kurdos? Turcos e iraquíes coincidían en la idea general: strange people. Otros iban más lejos: Iran no good.

Llegados a este punto, tras nuestra primera semana en Irán, marcamos como punto de inflexión Isfahan. Si esta ciudad no consigue ofrecernos el confort que necesitamos, así como un poco de anonimato, huiremos de aquí.

Aquí dejamos una foto de uno de los anfitriones enfermos, con perdón a él y a su familia. La colgamos para que veáis la forma de vestir de los kurdos:

20130619-233023.jpg

Pobrecito Otto, se ha caído de cabeza a un lago. No ha pasado nada pero se ha llevado un susto… Vamos a poner ropa seca. Qué carita…

20130619-233425.jpg

Os contamos si nos largamos o nos quedamos. Un abrazo.

Iraq

Estamos a 26 de abril y actualizando…
Esta vez, Iraq.

Iraq tiene dos nombres. El Iraq peligroso que vemos en las noticias, en el que se suceden de manera más que habitual horribles atentados, en el que la seguridad ciudadana se disfruta menos que poco; el Iraq que invadieron los arbustos padre e hijo, cuando Sadam Hussein hacía de las suyas. Éste Iraq se llama Iraq.
Pero existe otro Iraq: el Kurdistán. Bandera, soberanía, autogobierno y hasta una frontera que lo distingue también geográficamente de su vecino del sur. Este Iraq es seguro, sano y muy hospitalario. Nunca se nos habría ocurrido cruzar a Iraq de no ser así. Quede claro.
Han sido diez días que han dado para recorrer gran parte del pequeño territorio kurdo (eso sí, lleno de poderosos recursos naturales).
Si hacemos inventario, nos quedamos por un lado con el interés, la curiosidad y la hospitalidad de los kurdos iraquíes. Son bondadosos, carecen de suspicacia y eso es, en los tiempos que corren, una virtud muy remota. Una maravilla.
Gracias Abdulkhaim (y dáselas también a todos tus amigos), por mostrarnos los secretos de Amedi y por la deliciosa comida. Gracias Ahmed, por abrirnos las puertas de tu casa de Milamayden y regalarnos un tiempo precioso (y también por el bonito vestido verde). Gracias Ali, por hacernos tan fácil nuestra estancia en Erbil, por la electricidad, por la lavadora, por los dibujos para Otto, por todo. En fin, gracias a todos por haberos cruzado en nuestro camino. Confío en que pongáis estas líneas en el google translator.

Algunas fotillos.

Abdulkhaim y sus amigos en la foto superior y Ahmed y sus padres en el salón de casa en la inferior:

20130619-231627.jpg

20130619-231636.jpg

Por otro lado, sería un crimen no mencionar la belleza natural de un paisaje que aún nadie se ha preocupado por destruir. Y que así sea por mucho tiempo.

Las ciudades, si a alguien le interesa, son prescindibles; están rotas, feas y carecen de una personalidad que las distinga de las demás. Lo dicho, prescindibles. Pero todo lo demás, convierte al Kurdistán iraquí en un destino más que recomendable.

Y ahora, camino de La República Islámica de Irán. Qué mal suena, dicho así. Ya os contaremos.

Pero primero, un masaje estimulante…

20130619-231834.jpg

Disfrutad vosotros también. Un beso.

Estambul

Mi imaginación nunca antes trató de dibujar un paisaje de Estambul; ni nunca se esforzó por iluminarla con sus focos, disolviendo así la niebla. Quizá por la aparente facilidad de poder alcanzarla sencillamente alargando un brazo; o bien por no ser un producto 100% made in Asia.

Hasta que, a medida que nos aproximábamos a ella, su pasado glorioso y su rica historia, obstinadamente, se fueron filtrando en mi ¡Qué hacer! ¿Tratar de cerrar todos los poros de mi cuerpo para impedir que tanta riqueza me inundara? Sin duda, y limitándonos a escuchar su llamada, caminar hacia ella y recibirla con los brazos abiertos como al amigo de un amigo muy querido. Y así lo hicimos, decidimos pasar tres semanas en ella para poder disfrutar de la visita de nuestras familias.

Y ahora sí, ahora sí que mi imaginación se despertó, se desperezó y caminó sin descanso: Istanbul, ciudad tejida entre dos continentes, formando nudos de lana, seda y algodón de culturas dispares; universo de colores vibrantes e infinitas texturas, hilvanando dos gloriosos imperios -el católico bizantino y el otomano de Alá-; chapoteando cual nadador olímpico entre el mar Negro y el mar de Mármara y refrescado por el Bósforo y el Cuerno de Oro…

Desgraciadamente, ni la obra de arte más bella ni la reliquia más perfecta son capaces de evitar las huellas del tiempo y, menos aún, de esconder el uso negligente del hombre. No, sin duda, sin invertir en ella horas de mantenimiento y puesta a punto y someterla a reiteradas intervenciones de estética. Y lamentablemente, es lo que ocurre en la ciudad de Estambul: la exquisita alfombra turca se desgasta y deshilacha sin que manos expertas la restauren con cariño y le devuelvan su esplendor del pasado.

Y por ponerle la guinda, aquí os dejamos unas fotos.

El puente Gálata y el tráfico marítimo del cuerno de oro:

20130619-230237.jpg

Simplemente una foto que nos gusta de una fuente para asearse antes de la oración en la mezquita:

20130619-230413.jpg

Aittitta eta amama y los iaios:

20130619-230605.jpg

20130619-230616.jpg

20130619-230626.jpg

Y unas del artista en solitario:

20130619-230728.jpg

20130619-230738.jpg

Un beso muy grande a todos desde aquí.

Diyarbakir en el centro de todas las miradas

Digamos que estamos a 22 de marzo.

Ante todo, quiero advertir y, por lo tanto, animar a los menos aburridos a que prescindan del texto y se centren en el par de fotos que dejamos. De esta manera sabrán que estamos bien, que seguimos empezando nuestras vacaciones y que somos muy felices.
Me he visto obligado a incluir estas primeras líneas, que por otro lado son las últimas que he escrito, para evitaros a muchos lo que quizás sea una lectura demasiado didáctica, demasiado política. Quizás sólo demasiado larga.
Leo los textos que escribo un par de veces o tres para asegurarme que no digo barbaridades. Pero apenas escritos unos párrafos, vi que se me iba de las manos, que a la mayoría le importaría una mierda el turrón en que se estaba convirtiendo esto y que cuanto menos dejaría de leer.
Sin embargo, decidí convertir el texto en una manera de ordenar mis ideas y es, en definitiva, sólo eso: un ejercicio de memoria.
Dicho esto, al que quiera seguir, adelante. El que avisa no es traidor.

Nuestro protagonista es la ciudad de Diyarbakir, que ostenta el placer ( llamémosle culpa) de ser la principal ciudad kurda de la República de Turquía. De existir un país hipotéticamente llamado Kurdistán, y entendiendo que éste lo conformasen turcos, iraquíes, iraníes y sirios de etnia kurda, que entonces serían simplemente llamados kurdos, probablemente Diyarbakir se disputaría con Erbil (en Iraq) la calidad de capital de un estado con cerca de 40 millones de habitantes. Pero el Kurdistán no existe, al menos como país; los kurdos son la mayor etnia del planeta sin un estado propio.
Seguro coincidimos con muchos en subrayar el enorme sentido de la hospitalidad de este pueblos sin país. Sudor nos ha costado rechazar las numerosas y persistentes invitaciones de unos y otros para alojarnos en su casa. Curiosos, la mayoría, se acercan y…¡tachán!, ya tienes un té entre las manos, y Otto una chocolatina, y una naranja, y mientras… nuestro poco turco, nuestro menos kurdo y su peor inglés. Todo un reto.

Hemos pasado en Diyarbakir 10 días fabulosos. Llegamos el 13 de marzo y nos costó poco más de media hora encontrar el parking que se convertiría en nuestra casa para los próximos días. Precio más que razonable, lavabo y unas gallinas que son la suerte de Otto, que ya sueña con ellas y todo. Cengis y Ramazan se han convertido en unos espléndidos anfitriones y la comida que nos hacen llegar sus respectivas mujer y madre han convertido nuestras cenas en un sabroso placer.

Dejamos una foto de Otto cabalgando con Ramazan. ¡ERCEC CARDEŞ!!!!
20130416-233234.jpg

El día de ayer (21 de marzo) es para los kurdos, como para los persas, el día de año nuevo. Probablemente, el Newruz de este año marque un antes y un después en la historia de Turquía. Para entenderlo mejor, un poco de contexto histórico no vendría mal. Ahí va:

Propongamos como punto de partida el final de la Primera Guerra Mundial, que ha dejado tiritando militar y económicamente al imperio otomano, ya debilitado por la pérdida de la hegemonía en Los Balcanes. Turquía está endeudada hasta las cejas y está obligada a hacer concesiones, lo que aprovechan ingleses, rusos, árabes, italianos y griegos para establecerse en territorio turco. La situación parece irremediable para el imperio y tanto Roma como Grecia sueñan con un renacimiento del imperio bizantino.
Es entonces cuando el comandante Mustafa Kemal (que se autodenominó posteriormente Atatürk, que significa padre de la patria) y que ya había cosechado algunas victorias importantes durante la Primera Guerra Mundial decide capitanear la resistencia en todos los territorios de habla turca. El apoyo multitudinario de la población turca es crucial para el desenlace de lo que se ha llamado la Guerra de Liberación, y la declaración de la República de Turquía en el 1923.
A partir de ese momento, Mustafa Kemal, se proclama presidente con apoyo popular y redacta un programa de reformas que deberán convertir el país en una nación industrial moderna. El nacionalismo como identidad y unidad turcas se convierte en imprescindible para trazar las líneas de la nueva constitución.
Pero, ¿qué pasa con los nacionalismos? Que siempre se nos van de las manos. El genocidio armenio (aún no reconocido como tal por Turquía y culpable de los problemas diplomáticos que hasta hoy tienen estos dos países vecinos), la represión cultural, lingüística y política de la población kurda (desencadenante de una lucha armada que se ha cobrado más de 40.000 vidas desde los ochenta hasta hoy) y los intercambios de población griega-turca (que dejaron poblaciones vacías en ambos países) son claros ejemplos del radicalismo de la nueva República de Turquía.

Volvamos al pueblo kurdo y a la ciudad de Diyarbakir, convertida en sede central del Partido para los Trabajadores del Kurdistán. El PKK, de ideología marxista, empezó a mediados de los ochenta lo que ellos mismos llamarían una revolución de liberación nacional. Turquía ha vivido desde entonces y hasta la fecha lo que para los kurdos es una guerra por sus derechos culturales e institucionales y para los turcos terrorismo organizado. El PKK, sin embargo, ya consta en la lista de organizaciones terroristas de las Naciones Unidas.
Su líder, Abdullah Ocalan fue perseguido y finalmente detenido en 1999. Desde entonces y hasta el momento ha sido custodiado por un millar de soldados en la que si no fuera por estos mil y un habitantes sería la deshabitada isla turca de Imralı. Es una de las personas más vigiladas del planeta; sino el que más.

Los últimos meses han supuesto un avance determinante en lo que parece haberse convertido en un proceso de paz, que podría dar una tranquilidad, por fin, permanente. Una paz que deberá llegar cuando la guerrilla del PKK se desarme y abandone el territorio turco. Cosa que Ocalan ha prometido en un comunicado leído durante la celebración de la fiesta de Newruz.
Newruz, como ya he dicho, es el año nuevo en el calendario persa. Es una fiesta que no comparten los turcos, por lo que se ha convertido en un símbolo de unidad nacional kurda durante años. Lo que para nosotros es sólo el inicio de la estación de las flores, significará este 2013 el fin de las bombas y el fin de los incendios que arrasaron poblaciones kurdas enteras. Año nuevo, vida nueva.
La lucha no termina aquí -ha anunciado Ocalan. Deberá continuar en los ayuntamientos, que hoy por hoy están mayoritariamente gobernados por el BDP, que comparte ideología con el PKK, pero de manera pacífica y democrática. El BDP sería el equivalente al BILDU vasco. La lengua y cultura kurdas por fin son públicas (después de casi un siglo de represión).

Este cambio no podía haber llegado de otra manera que con el apoyo del Kurdistán iraquí, que hasta el momento es el único de los cuatro (iraní, turco y sirio son los otros tres) que ha gozado de una condición de federalismo y soberanía política y administrativa. Tienen petróleo y eso siempre ayuda…
Por otro lado, la continuidad del conflicto kurdo-turco podría desestabilizar las fronteras turco-sirias en la zona de influencia kurda del país vecino, lo que llevaría a un estancamiento económico en la carrera como país emergente que está llevando a cabo Turquía.
Parece que la historia ha encontrado un hueco para los kurdos.

Y volviendo a nuestra casa con jardín en el centro de la ciudad… Otto corre detrás de las gallinas al grito de ¡TUTUTUTUTU! mientras nosotros hacemos las maletas. Mañana nos vamos a Estambul. La furgo se queda. Ya volveremos a por ella.

Antes, os dejamos unas fotos de la primera primavera pacífica en muchos años.

Mamá y Otto, a cual más guapo…
20130416-233246.jpg

Otto prefiere el amor a la guerra, está bastante claro. O al menos una guerra en la que no muere nadie…
20130416-233312.jpg

20130416-233304.jpg

Los colores del Kurdistán, llevados con estilo…
20130416-233221.jpg</

El PKK del revés, como los tiempos que corren…
20130416-233319.jpg

Próxima parada, Constantinopla. Ya os contamos.

Salud y buenos alimentos.

¡Feliz cumpleaños, papá!

11 de marzo del 2013. 31 recién cumplidos.

Hemos cruzado durante el día paisajes increíbles de todos los colores y medidas y ya bien entrada la tarde, nos metemos en el pueblecito de Asagi Gôplūköyü (se pronuncia ShaiChoplú) y buscamos un sitio donde dormir. En una plaza, frente a la mezquita. Parece perfecto.

En pocos minutos, se acerca un tractor. Un hombre nos mira, nos saluda, pasa… y da marcha atrás:
– ¡A mi casa!- dice con palabras ininteligibles pero gestos lo suficientemente descriptivos.
– No, gracias- también con gestos, intento mostrar el mayor agradecimiento posible.
– ¡He dicho que a cenar a mi casa!- mas firme aún se lleva la mano a la boca.
– No gracias- de nuevo y fuerzo aún más la reverencia con la mano en el pecho -tenemos cocina- gesticulo con las manos.
– ¡A comer y a dormir a mi casa!- junta ambas manos llevándoselas a la oreja.
– Gracias, muchas gracias, pero estaremos bien aquí, tenemos edredón de plumas- cualquiera que me vea haciendo la gallina para decirle que las plumas abrigan un montón…
– ¡VENGA PA ARRIBA!- Aquí es cuando ya no hay discusión posible.
-Te sigo- le hago entender.
Y Otto encantado porque íbamos siguiendo al tractor…
Y con ésas, llegamos a su casa, nos presenta a su mujer (de nombre impronunciable) y a sus dos hijos (Mehmet, el pequeño de 3 años y Aishé, la mayor de 6) y nos apoltrona entre cojines en su salón.
Al poco, sin demasiada necesidad de hablar (sólo acompañándonos mutuamente), acomodan un mantel en el suelo y lo llenan de todo tipo de comida. Šiš tavuk (pollo marinado a la brasa), ensalada sorprendentemente aliñada (creemos que es sólo sal y limón, pero está riquísima), yaprak (rollitos de hoja de parra rellenos de arroz) y otros tantos manjares. Llenan la mesa con varios tipos de pan, nos sirven ayran (yogur líquido salado), Coca Cola y ¡que aproveche!

Yogur, pistachos, cacahuetes y vasos y vasos y vasos de çai (té; que es verdaderamente el deporte nacional turco) han sido nuestro postre y sobremesa.

Ya tarde, han desplegado unos futones en el suelo del salón, unas buenas mantas y nos hemos dado las buenas noches.

A las seis y media empieza el día y hay que dar de comer a las cabras y a los demás animales. Hacemos lo propio también nosotros. Pan y bürek recién hechos en casa, y otras delicias. Con mucha calma.Y también vasos y vasos y vasos de çai…
Y a eso de las diez, Erdal (nuestro anfitrión) se va a trabajar y nosotros, después de augurar una posible vuelta en un par de meses, nos encaminamos al monte Nemrut. Buena suerte y hasta pronto.

Tienen poco, pero es suficiente y lo ofrecen. Tienen cabras, una vaca, un caballo y algunas gallinas. Tienen también algo de tierra con hortalizas y algunos frutales. De eso comen y de eso viven. Y nos han dado un pedazo.

Muchas gracias familia.

Días de magia

En realidad es 10 de marzo.

Disponemos de un máximo de 90 días en Turquía y aún recuerdo cuando la funcionaria del consulado turco en Atenas nos dijo que nos sobraba tiempo. Sólo escudriñar los infinitos recovecos tras las chimeneas de la Kappadokia llevaría mucho más. Pero el tiempo apremia y tenemos que conformarnos con una pizca de magia y un enorme deseo de volver a por más.
Kappadokia… ¡madre mía!
No me siento capaz de explicar lo que la naturaleza ha creado en este lugar, pero es hermoso. Único en el mundo. Impresionante.
Lamentablemente, hay que moverse que el país es enorme. Dirección Este, hacia la otra Turquía, la menos pervertida.
Antes de eso, colgamos algunas fotos.

Los falos gigantes de Pasabagi:
20130315-130530.jpg

Zelve, uno de los miles de pueblos de la zona excavados en la roca. Deshabitado desde los años cincuenta.
20130315-124101.jpg

Algunos muchos otros pueblos siguen habitados hoy por hoy. De los mejores, Soganli y Güzelyurt (que vendría a significar algo como “la buena casa” en turco). De estos últimos no hemos hecho fotos, nos los guardamos celosamente. Descúbranlos ustedes mismos.

El valle rosa, uno de los más extensos e impresionantes (cubierto de nieve):
20130315-124454.jpg

Iglesias bizantinas en la roca. Algunas tienen frescos en bastante buen estado, pero no se pueden fotografiar… Sin embargo, este par son espléndidas:
20130315-125731.jpg

20130315-125021.jpg

La furgo nevada después de una noche fría en Göreme:
20130315-130415.jpg

Mientras la pobre se resfriaba, nosotros calentitos en una cueva. Disfrutando de un poco de lectura antes de dormir…

También hemos explorado algunas de las que dicen se cuentan centenares de ciudades subterráneas. Mazi, Güzelyurt y Gaziemir, entre otras. Me quedo con las 2 primeras. Son ciudades bunker que sirvieron de refugio para pueblos enteros ante las invasiones árabe y persa. Tampoco hay fotos. O fotos o linternas… Y decidimos linternas. Lo siento.

Otro de los greatest hits ha sido la experiencia HAMMAM. ¡Qué gustazo! Baño caliente, sauna, exfoliación, masaje a conciencia con espuma, más sauna y baño frío por poco más de 10 euros. Lejos de las miradas de los turistas. Es un servicio público, no un lujo. Es para venir a pasar la tarde. Obviamente, tampoco hay fotos.

Más fotos:
Un lugar espléndido y desolado donde hicimos noche, cerca de Yenikent, de camino a la Kappadokia. Es un lago estacional, todavía seco:
20130315-125501.jpg

Y como a veces amatxo también conduce… nosotros hacemos un poco el tonto detrás…
20130315-125839.jpg

Y por último, decir que las cadenas son MAGIA. Nunca las habíamos usado antes, pero hemos salido de más de veinte centímetros de lodo sin ningún problema. La foto la tomamos ya a salvo. Pensé en hacerla antes, pero me dije: ya la haré cuando un tractor nos tenga que remolcar para sacarnos de aquí. Y ya veis: FUCKING MAGIA.
20130315-130110.jpg

Continuamos…

Un abrazo muy grande.