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¿Porqué la Lonely Planet miente?

15 de julio de 2013

Dice la Lonely Planet sobre Georgia (entre otras cosas) que: “… this is a place where guests are considered blessings and hospitality is the very stuff of life.”
Siendo sólo un poco rigurosos sería algo como que nos consideran una bendición y la hospitalidad es una forma de vida… ¡Y una mierda!

Sirva un ejemplo para ejemplificar, claro está, con un simple detalle lo que de otro modo se convertiría, sin duda, en una descripción más larga y también más tediosa. Benditos ejemplos. Éste sería: Buscamos el cruce de la calle Beridze con la calle Iveria y como después descubriríamos, estamos muy muy cerca. Como preguntar en Barcelona por el cruce de Tallers con Valldonzella estando en Pelayo, o de Avinyó con Ample estando en Paseo Colón. En fin, cosa de niños; sólo hay que escoger bien a nuestra víctima. En este caso, víctimas, porque son cuatro; descargan cajas de un camión y las meten en un comercio, por lo que entendemos que o bien, los repartidores conocerán el barrio, o bien, y de esto no cabe duda, el o los tenderos sí sabrán darnos una indicación. Me acerco y y les pregunto: Beridze qucha, Iveria qucha?, porque ya sabemos que qucha es calle. Sé que saben que estoy aquí, porque han parado de descargar y me han mirado. Pero nada. Vuelvo a preguntar, no sea que no me hayan escuchado. Lo mismo, como quien oye llover… Samuel llamando a la tierra… Hola, hola!? Ni media palabra, ni siquiera un gesto; han vuelto la cabeza y de nuevo a currar. Qué majos… así da gusto. Pues nada, gracias.

De haber sido un caso aislado no me hubiera atrevido a generalizar sobre el trato recibido por los georgianos: indiferente, en el mejor de los casos, déspota, en otros. De la misma gente de la que Lonely Planet dice y vuelvo a citar: que somos blessings y tal y tal…
Lo siento, pero no! No son así, y esto es una realidad. No estamos hablando del precio de tal o cual hostal o de si esta o tal otra zona son bonitas (a ojos de quién? justificaríamos). No, estamos hablando de la hospitalidad. Eso es algo que se huele en los primeros cinco minutos, incluso antes de dejar atrás el puesto fronterizo. Y aquí no está. No la busquéis porque no está. No pasa nada. Tienen otras cosas: tienen un bonito país, con un paisaje exuberante, montañas enormes (muchas y de las más altas del mundo), una costa interesante (aunque un poco sucia), pero no hospitalidad, eso no.

Y con ésas y con otras, hemos pasado unos días en Tbilisi, de los que hay que destacar que es una ciudad de las que nos gustan, de ésas que tienen callejuelas donde perderse, con edificios de varios siglos de antigüedad (un poco maltrechos; y eso le da un toque lacónico), de las que tienen un montón de terracitas donde saciar la sed con una cervecita fresca… pero como la gente no nos ha gustado, no nos ha valido la pena. Una lástima.

Esta es la ciudad, para el que le quiera echar un vistazo:

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Bueno, esto es la ciudad también pero el plano es mejor…

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También en Tbilisi: El otro día estábamos en un parque, de los de niños (esto es con tobogán, columpios y demás), que dicho sea de paso era una mierda. Por varias razones, y hago un inciso en el relato: primero porque no tenía sombra y eso es algo indispensable porque disfrutarlo de noche no es una opción (por las noches se duerme) y en verano hace un calor de muerte; segundo porque no era práctico, sólo pretendía ser bonito y esto a los niños les da igual; y tercero y más importante (para el relato por lo menos), que no había más que dos tristes bancos para que los papás, que siempre nos cansamos antes que nuestro hijos, nos sentemos a descansar. Dicho esto, y prosigo, estamos ante una situación parecida a lo que fácilmente reconoceremos como el acecho ante la terraza de un bar sin mesas libres: “a aquellos les queda poca birra”, “huy, ¿ésos van a pagar?”, “acércate que no nos quiten la mesa”, “sí, nosotros también estamos esperando”. Pues aquí, con los bancos…
Pero no pasa nada, porque hay un montón de mesas y sillas diminutas y los niños no se sientan nunca. Perfecto, nos acomodamos y: ¡mira Oaia!, un segurata, ¿que hace aquí, en un parque de niños?, ¿qué falta hará?… – Levantad, que esto es para los niños (es lo que entendemos de sus gestos y de su tono). Y así es, efectivamente, porque los otros papás están levantándose también. Madre del amor amor hermoso, pero qué es esto, aquí seguro no vienen los chavales a fumarse los porros…
La siguiente hora, hemos estado bien distraídos: un poco por indignación aunque más por curiosidad, le hemos seguido los pasos. Este tío trabaja un huevo… Tantos otros papás han sufrido la misma suerte que nosotros en este rato, pero una responsabilidad más grande le llama: una pareja de recién casados, cumpliendo con su álbum de fotos, ha creído que era una idea espléndida balancearse en el columpio (de ésos de cesta en los que caben un montón de niños). Y todo iba de la más romántica manera hasta que ha aparecido LA LEY Y EL ORDEN y: ¡Venga pa arriba que esto es para niños!, sin olvidarse, desde luego, de algunos invitados que habían optado por sentarse en los bancos diminutos y claro… no se puede. De vuelta, tiene unos segundos para llamarle la atención a dos niños que estaban en el otro columpio (que no es para niños, es para uno sólo), justo antes de salir disparado. Le seguimos con la mirada. Acaba de interceptar a un vendedor ambulante al tiempo en que le acorralaban otros dos seguratas. Por Dios, uno parecía una exageración, pero ¡TRES!!!… es un atropello. Y así hemos pasado el rato.

Llegados a este punto nos preguntamos si es o no paradójico que en un país que goza de un gobierno democrático real y que se supone libre, se coarte la libertad con una apabullante presencia policial y que en cambio, en otro (Irán en este caso) que vive una dictadura, que además es teocrática y por tanto basada en el miedo y el sufrimiento, se respire una mayor libertad en el quehacer diario de sus ciudadanos. No quiero crear con esto un equívoco y he de decir que la libertad que más duele perder es la de pensamiento. Pero, cuanto menos, sí es paradójico.

Después de Tbilisi aún hemos pasado un par de días recorriendo el país dirección oeste, pasando por montañas, bosques y después playas para después cruzar a Turquía. Este país sí que nos gusta. Si no es el país más interesante en el que hemos estado es porque esa posición la ocupa Irán, pero sí es el país donde más a gusto nos sentimos. Aquí estamos de nuevo, a 26 de Junio.

Os vamos contando…

PD. Sería injusto no mencionar a Tsotne y a Ani, que nos han deleitado con lo que mejor saben hacer los georgianos, que es beber y comer. Gracias por descubrirnos y por equilibrar un poco la balanza hacia el lado humano.

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From → Viaje

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