Skip to content

Irán, primera entrega. La hospitalidad enferma.

19 de junio de 2013

Señores, ya estamos en Irán. Nos ha costado entrar pero lo hemos conseguido. Dos días enteros, primero en una frontera y luego en la otra más al norte, porque en la primera no dejaban pasar la furgo. Muy duro, pero ya está hecho. Ahora busquemos un poco de tranquilidad para descansar.

Kermanshah no entraba en nuestros planes. Estamos aquí porque tenemos problemas con uno de los neumáticos. Son casi las siete de la tarde y pronto tendremos que buscar un sitio donde dormir. Afortunadamente el problema está resuelto en cuestión de 20 minutos, claro está, a contar desde que por fin he conseguido hacerme entender.

Pero para entonces ya hemos despertado el interés de toda la calle. Y cómo no… la hospitalidad aparece en escena. Un hombre de unos 50, que ni siquiera forma parte del equipo del taller que me ha atendido, si no de los 10 o 12 espontáneos que se han congregado alrededor, de los talleres vecinos tanto como simples viandantes curiosos.
No gracias, le digo escueto, entendiendo que es una mera formalidad y sólo quiere ser amable, ¿Porqué no? dice un niño que por suerte o por desgracia tiene algo de inglés y al que no soy capaz de relacionar con ninguno del corrillo que me rodea. Y pienso en lo de la vela en el entierro pero amablemente le explico que mi hijo se ha quedado dormido y lo mejor va a ser que busquemos un sitio para aparcar ésta nuestra furgo, ésta nuestra casa y es ahí donde debe dormir y despertarse, gracias de todos modos. Pero en mi casa estaréis mejor, es lo que creo entender que me está diciendo el que quiere convertirse en nuestro anfitrión, cenaremos, tomaremos té y podréis descansar. Y pienso en qué coño sabe él de qué es mejor pero digo no gracias, de nuevo, que preferimos estar en nuestra casa que mi hijo lleva un par de días agotadores y está descansando, pero gracias, muchas gracias otra vez. Está enfermo?, de nuevo interviene el niño, queréis un médico? No, sólo está cansado, no necesitamos un médico. Ya cierra el taller y os lleva a su casa, le seguís con el coche… este niño de nuevo. No vamos a ir a casa de nadie, le digo empezando a perder la paciencia, nos vamos, que todos estamos muy cansados y queremos irnos a dormir, hemos pasado dos días peleando en fronteras y ahora queremos estar solos. Venga!, que nos vamos, seguidme, tengo el coche ahí, el tío ha cerrado su taller haciendo caso omiso de nuestra negativa. Cansado de explicaciones y de sonreír todo el rato les digo que NO (a todo el grupo, que no contento con mirar ya interviene en la fiesta) que nos vamos, y fuerzo una última sonrisa para un gracias. Me vuelvo y me dirijo al coche dando por terminado el asunto, inocente de mí… Arranco y mierda, los tengo en la ventanilla, ocupando uno de los carriles de coches y los coches, claro, tienen que parar y, ya puestos, a ver qué pasa. Mientras parte de mis nuevos amigos hablan con los chafarderos, otros siguen con el ¿pero porqué no? que repiten una y otra vez. Un motorista ha cruzado el tráfico de ida y de venida y también quiere saber qué pasa. Esto es de locos. No, no, no, no, no, no, no, good bye, good bye… digo y repito, y mientras ya estoy empezando a mover el coche, lo que hace caminar a mi ritmo a los que se apoyan en el coche y creyendo ya que no voy a atropellar a nadie, aunque pienso ya que me da igual, que igual puedo cargarme a un par o tres, acelero más alejándome. Creo que estamos a salvo habiéndolos dejado unos metros atrás, como en las pelis de zombis en las que arrancas justo en el momento en que estaban a punto de morderte, y aún miras por los retrovisores varias veces para asegurarte que no tienes a ninguno enganchado al coche.
Pero qué mierda es esto? Esta gente está mal de la cabeza, o qué? Qué parte de la palabra NO no entienden? Y Otto se ha despertado, me cago en Dios!

Y esto, para infortunio nuestro, se repetiría en otras ocasiones y en otras circunstancias. Algo no les funciona como es debido con el debido respeto. Al menos, cuando dices que no. Y como esto no cambie en los próximos días, salimos del país cagando ostias.

El que avisa no es traidor, he recordado en varias ocasiones, y es que ya advertían en los países vecinos ante un ¿qué tal los iraníes kurdos? Turcos e iraquíes coincidían en la idea general: strange people. Otros iban más lejos: Iran no good.

Llegados a este punto, tras nuestra primera semana en Irán, marcamos como punto de inflexión Isfahan. Si esta ciudad no consigue ofrecernos el confort que necesitamos, así como un poco de anonimato, huiremos de aquí.

Aquí dejamos una foto de uno de los anfitriones enfermos, con perdón a él y a su familia. La colgamos para que veáis la forma de vestir de los kurdos:

20130619-233023.jpg

Pobrecito Otto, se ha caído de cabeza a un lago. No ha pasado nada pero se ha llevado un susto… Vamos a poner ropa seca. Qué carita…

20130619-233425.jpg

Os contamos si nos largamos o nos quedamos. Un abrazo.

Anuncios

From → Viaje

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: