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¿Qué ha sido de mi padre, el gran Ulises?

22 de noviembre de 2012

Seguimos aquí y seguimos empezando nuestras vacaciones.

Aún tenemos calorcito.

Nos ha costado dos semanas irnos de Ítaca, y lo hacemos por el riesgo a perdernos el Peloponeso.

– Oye!, ¿qué hora es? Otto ha vuelto a cambiar la hora del reloj del coche…, ¿y el ferry?, a las 7 y media, ¿no?.

Ah… ya llega el ferry. En un rato salimos.

Partimos de Piso Aetos, parada en Sami (Cefalonia) y a medio día llegamos a Patras. De Patras escapamos relativamente rápido (lo que nos permite el tráfico). No nos apetece ciudad ahora.

Nos dirigimos a la costa oeste y pretendemos ver los tres dedos que hay al sur.

Del primero tenemos muy buenas referencias.  Iremos a Pilo buscando noticias de Ulises.

Del segundo, el Mani, esperamos un aspecto quizá similar al cabo de gata.

Y de éste al tercero, montaña arriba y montaña abajo. Esparta nos dará nuevas. Luego nos dirigiremos a un pequeño paraíso en forma de isla llamado Elafonisos.

Pero antes, nos escapamos un poquito al interior; que queremos visitar Olimpia y las montañas circundantes. Tremendas ruinas. Es alucinante la manera tan moderna en la que se construía siglos antes de que Cristo marcara el hito.  Creo que desde entonces, sólo el cemento marca un avance tecnológico importante. El confort no era para nada menos confort entonces que ahora. De hecho, ya usaban suelo radiante. Qué sería de nosotros de haber nacido antes que los griegos o los egipcios…????

Por cierto, es aquí donde se prende la antorcha que recorrerá tantos quilómetros cada cuatro años.

Os dejamos una foto del estadio y de todo un autobús de atletas en una madurez ya alcanzada formando en línea de salida.

Y aquí, Otto esperando el pistoletazo para ponerse a correr….

Dejando Olimpia, hemos pasado un par de días en las montañas. Alrededor de bonitos pueblos e imponentes montañas, hemos recorrido las crestas por carreteras peor que secundarias. Un paisaje espléndido.

Hemos dormido en el campo de fútbol de un pueblo de pastores y ganaderos. Ni siquiera hay bar en este pueblo. Y diréis: el campo de fútbol, ¿para qué?… Pues aún no lo sabemos. Porque para cuatro casas que hay…

Pero eso sí, ocho iglesias avistadas hasta donde nos alcanzan los ojos. Oaia sin gafas ve un par o tres como mucho… Esta Iglesia no escatima. Bien lo sabemos todos ya… Al menos, queda bonito.

Uy… pincha pincha la hierba…

Y hoy, que es día 18 de noviembre, ya hemos vuelto al mar. Estamos en Perohori.

Este lugar tiene una playa espectacular. Una bahía con grandes dunas que separan la laguna que tiene a popa del mar mediterráneo a proa. Calmo este mar, pues lo alivian a norte y a sur dos peñascos cuidando que el viento no sople y las aguas no se crezcan. Un castillo en lo más alto, a su vez, persuade a piratas de arribar.

Aquí es donde queríamos plantar campamento. Pero un cartel, con una prohibición y una también persuasoria cantidad de penalización a campistas y demás, nos ha hecho cambiar de opinión y nos hemos dirigido un poco más al norte. Ciento cuarenta y seis con setenta y cinco euros (146,75€) por persona es una cantidad más que razonable por una noche de hotel en un sitio así. Pero no nos lo podemos permitir… Y yo me pregunto: los niños pagan?

Ya os vamos contando…

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From → Viaje

One Comment
  1. Enano (guti) permalink

    Me encantan leeros!!!!!!!!!!! Pásenlo bien y sean buenos.

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